viernes, 27 de julio de 2012

+ cota


El mayor  de mis temores es el monstruo que creé, no en mí, sino la bestia que creé en ella.
Yo sé que soy un monstruo. Me divierte, lo elegí. Pero ella…
Es una bestia porque la obligué, porque yo hice que se transformara en eso. No sabe ni qué es ser un monstruo, no respeta la maldad… es una bestia. El poder de las bestias radica en la ignorancia, en no saber que lo son, en no ser consciente que lo son.
Un monstruo mata, daña, destruye todo, pero sólo cuando quiere. En cambio una bestia lo hace sin saber ni cómo, ni dónde, ni cuándo ni por qué. Y lo que es peor aún, la hace sabiendo que no es una bestia por elección propia, sino por mera decisión ajena

domingo, 22 de julio de 2012

Plantar un hijo, tener un libro, escribir un árbol


Y qué si un día me muero. No es loco, no es improbable, no es imposible. Algún día me voy a morir.
Y qué si un  día no no me despierto, me muero sin pensar que me iba a morir, qué si un día me muero y nadie me avisa: “Che, ojo, mirá que de hoy no pasás, dale un beso enorme a la vieja”. Qué si un día me muero y no te dí cuenta, salgo a la calle como si nada paro el bondi, y resulta que es una telesilla que me lleva para arriba, o un ascensor para abajo.
Qué si un día salgo a trabajar, paro el bondi, pero resulta que este no para y me levanta por el aire como sorete en pala. Justo el día que vencía la luz, quién va a pagar la luz, quién va a hacer el reclamo??, entre que alguien va, se queja, le dan curso al reclamo; y… mínimo una semana sin luz, sin tele, qué hacen los que quedan acá una semana sin televisión. Seguro me van a putear.
Qué pasa si un día me intoxico con arvejas en mal esta, me broto todo, me internan y me muero a los días. Yo todavía no planté ningún árbol, me van a reclamar de Greenpeace que no planté ningún árbol??. Y si me muero pero ya lo había plantado??, quién lo va a regar??, no quiero cargar con la muerte de otro ser vivo (a parte de mí), sobre mis espaldas.
Qué pasa si un día se cae el avión que me llevaba a Tilcara. Yo todavía no tuve hijos, quién le va a avisar a la futura madre de mis hijos, que todavía no me conoció ni me va a conocer. Cómo le dicen que la nena se va a parecer a ella y al sodero, pero de mí no va a sacar ni la nariz ni los juanetes. Cómo le explican a la futura madre de mis hijos que no van a ser míos.
Qué si un día me descubren un virus raro, por comer mandarinas en mal estado o algo así y yo no terminé de escrbir el libro. No sé, falta empezarlo, pero qué hacemos si no lo termino, quién los escribe por mí. Es una complicación, a parte, cómo hago para mandarle una carta documento por plagio?.
Y qué si no te morís nunca… No sé por algún motivo que vaya uno a saber, no te morís más y te la pasás toda tu vida tratando de pagar la luz antes de que te la corten.
Qué pasa si resulta que las arvejas son frescas y terminás plantando el árbol. Lo regás, le da el sol y crece. Crece tanto que da limones, crece tanto que te podés tomar mate majo su sombra, crece tanto que las raíces levantan el piso.
Qué pasa si llegás a Tilcara, pasás unas lindas vacaciones y traes alfajores para todo el mundo. Capaz conocés a la madre de tus hijos, los tenés, se van de tu casa y te encontrás solo con ella. Qué pasa si resulta que ronca tanto de noche que te separás y sólo podés ver a los nenes los fines de semana. Qué pasa si ella sí se muere y te deja solo.
Qué si las mandarinas no era portadoras de ningún virus y pasa que escribiste un libro y alguien te lee. Te lee uno, dos o tres. Qué pasa si no te morís nunca y a la gente le termina gustando el libro?

Caramelos de ananá


Era como una contractura cerebral, era una rigidez mental que le estaba imposibilitando disfrutar. Estaba ante un severo cuadro de anorgasmia generalizada. No había mierda que le venga bien, ni garompa que la satisfaga.
La aburría la televisión. La música de la radio era más bien un ruido insoportable, como si un mosquito zumbara en el oído, y la despertara en medio de la siesta.
La comida tenía toda gusto a arroz hervido, el arroz hervido tenía incluso menos gusto y los sin sabores de la vida menos sabor aún.
El dolor de cabeza era igual al dolor de panza, el dolor de ovarios era como una patada en los huevos, el dolor de muelas era igual de molesto que el dolor de garganta. Si le dolía todo era como si no le doliera nada, y por más que se tomara quince aspirinas, el dolor no se le pasaba.
Las drogas no le hacían efecto, el alcohol no la mareaba, si tomaba cerveza no se meaba, si fumaba algo no volaba. Le daba sueño el vino pero la despertaba la resaca, le dolía la cabeza aunque no hubiera tomado nada.
Caminaba si llegaba tarde, corría cuando tenía tiempo, viajaba en tren para no usar el auto y puteaba si no conseguía asiento y tenía que ir colgada todo el viaje.
Quería morirse pero no encontraba el momento, quería matarse pero había fallado en el primer intento.
Probaba con no mirar a la gente, pero le era inevitable escucharla

miércoles, 11 de julio de 2012

Campaña de concientización

Quizás porque nunca nadie se lo dijo, o porque nunca encontró el manual de instrucciones. Quizás no lo notó, no lo vió porque estaba distraído, pero sépalo, eso que lleva sobre los hombros se llama cabeza.
En la mayoría de los casos es acompañada por pelo. Es ampliamente aceptado en el mundo el pelo como un símbolo de lo moda. Se lo tiñe, se lo cubre,  se lo corta y se lo peina. Los que carecen de él son considerados personas experimentadas, gente de mundo.
A los costados de la cabeza, generalmente se encuentra las orejas. Las orejas son el medio por el cual escuchamos los sonidos de nuestro alrededor. Nos permiten acatar órdenes. Responder “Si” o “No”, según nos indiquen; depende de estos  dos orificios. A través de ellos se puede oir música. La música es ese sonido que nos da satisfacción y distracción. Por las orejas entra música a nuestros oídos, y gracias a ella podemos revolear el pelo según el ritmo que la música nos indique.
En la parte frontal nos encontramos con los ojos. Estos dos esferoides son los que nos permiten esquivar obstáculos y ver cosas. Ver cosas nos sirve para saber si esa cosa es linda o fea. Si es fea, la cosa, estos dispositivos tienen un acceso remoto que nos permite cerrarlos, y así evitar ver las cosas feas.
En resumen, la cabeza sirve: Para llevar el pelo, para escuchar música y acatar órdenes y para mirar las cosas lindas y obviar las feas.
Ahora… si usted siente que puede tener otros usos, como por ejemplo tratar de opinar. Si usted cree que es capaz de contrariar la información que entra por sus oídos. Si usted, en lugar de mirar lo bonito y cerrar los ojos ante lo feo, pretende observar todo lo que pueda. Si no contento con esto usted trata de leer entre líneas. Si usted piensa (y he aquí el más grave de los errores, pensar), que las palabras son más que letras ordenadas en secuencia lógica  y que las podemos asociar a alguna imagen o sonido. Si usted está convencido que el resto de los mortales tiene muchas cosas más para decirnos, que lo que queremos oir. Si a usted le parece que es su deber cuestionarse todo lo que pasa a su alrededor y emitir opinión propia. Si usted se cree capaz de ser irónico. Si usted cree capaz al resto de la gente de entender lo que usted quiere decir cuando dice una cosa, pero en realidad dice otra. Si usted se cuestiona… a Usted. Usted piensa.
Si usted piensa, usted es peligroso. A nadie la gusta la gente que piensa. A nadie le gusta la gente capaz de discernir entre bueno o malo. A Nadie le interesa la gente capaz de entender, más allá de lo obvio. A nadie le interesa la gente capaz de entender. A nadie le interesa la gente.
Si usted piensa, hágalo saber, mientras más pronto deje de pensar, más pronto volverá a escuchar lo que le gusta escuchar y a mirar sólo lo que le gusta escuchar.

domingo, 1 de julio de 2012

Y algún remedio que me dé alegría


Podés peinarte un día con raya al medio, otro día con raya al costado.
Podés esquivar las baldosas rotas de ida, y apuntarle a todos los charcos de vuelta.
Podés querer a alguien por la mañana y odiar a todo el mundo a la tarde.
Podés ir a Catedral en subte y volverte en bondi
Podés escribir al derecho y reel led sever
Podés tener todo a la mañana, o terminar debajo de un puente a la noche
Podés correr para no llegar tarde al trabajo y caminar para nunca llegar a tu casa
Podés poner la alarma y 31 y despertarte menos cuarto
Podés esperar sentado, o caminar todo el día en la sala de espera
Todo esfuerzo que uno haga en esta vida para romper con la monotonía, es en vano, tarde o temprano te vas a terminar dando que cuenta, que ese esfuerzo ya se volvió monótono

lunes, 25 de junio de 2012

Está dística ? sino paso mañana


Es más probable en este mundo morir que nacer.
Aún habiendo uno nacido, la probabilidad de morir se transforma en certeza, y la probabilidad de nacer de nuevo, deja de existir.
Es más probable cojer que morir virgen.
 Aún siendo lo menos probable mantenerse virgen y nacer, es una certeza que todos nacemos vírgenes.
Uno nace (virgen), crece, procrea (coje), y se muere.
Para ser la especie superior en este mundo, no dejamos de ser bastante básicos...

domingo, 5 de febrero de 2012

Aunque estés despeinada me gustás igual

Me enteré cómo se entera todo el mundo de las cosas. Esas cosas que uno quiere o no quiere enterarse. O simplemente me enteré porque tenía que enterarme. Supongo que ese “don” o mejor dicho, esa “obligación” que tiene uno de enterarse de ciertas cosas, es netamente atemporal.
Lo primero que se me vino a la cabeza fue la tarde en que me confesó que no quería trabajar más en el banco, que iba a dejar Economía y que se iba a dedicar a ayudar gente en todo el largo y el ancho del mundo. Al instante no pude contener mi viejo mierdismo y pensé, “se agarró una de esas cosas que se agarran estos que están comprometidos, esas pestes bohemias. Se hubiera quedado en el banco, como asesora de grandes clientes y esto no le pasaba”.
Igual, así como creo que uno se entera de lo que se tiene que enterar, también creo que hay cosas que uno no puede evitar que le pasen. Quizás si hubiera seguido en el banco, también le habría pasado lo mismo. Es una buena forma de evitar pensar que las cosas que nos pasan son culpa nuestra.
Me acuerdo que la conocí en el banco, yo le tenía que ir a pagar unos impuestos a Juan Carlos (en esa época era Don Carlos para mí), y ella era la chica que te daba el numerito en la entrada. Los dos habíamos entrado hacía un mes a sus trabajos y teníamos la misma cara de susto. También me acuerdo que a ella la cagaron a pedos por “extender los tiempos de atención y entorpecer la entrada”, a mí cuando volví “Don Carlos” también me cagó a pedos porque tarde “como 40 minutos en hacer un trámite de mierda”. En el tiempo que estuvimos juntos, ella dejó la mesa de entrada del banco y yo dejé de lavar piezas con nafta. Para cuando dejamos de vernos, ella era asesora de grandes clientes y yo la mano derecha de Juan Carlos, que me seguía pareciendo el mismo tano miserable que cuando recién empecé.
Como era bastante bueno con la memoria, me esforcé y traté de acordarme su celular, pero fue imposible. Así que no me quedó otra que llamar a la casa de la vieja de ella, hubiera preferido ser menos obvio, pero bueno la memoria recuerda lo que ella quiere y no lo que a uno le conviene. Me atendió el marido de la madre, la vieja se había separado cuando los chicos eran muy chicos y del padre poco se sabía. Este fulano era la segunda pareja de la madre y con él habían tenido un perro (como estaban viejos para tener hijos, tenían un caniche que lo trataban mejor que a un hijo). Aunque el tipo nunca me quiso mucho, me saludó correctamente. Le pregunté cómo andaba. Me dijo que dentro de lo que podía bien. Me preguntó si quería hablar con ella que la llamaba, porque estaba en el comedor con la madre. Pegó el grito, le avisó que tenía teléfono y me dejó esperando en el tubo, porque “Pedrito” estaba ladrando de hambre.
Al rato me atendió ella, me reconoció en seguida. Le pregunté cómo andaba, me contestó que como podía. No había que ser muy despierto para darse cuenta el motivo de mi llamada. Para no ahondar en explicaciones incómodas le pregunté si tenía ganas de ir a tomar algo a la tarde. Me contestó que no estaba de ánimo, pero que si yo lo prefería pasaba un rato por casa dps de las 4, ella sabía que a Juan Carlos yo le seguía diciendo que me iba a la facultad y la 3 me escapaba del taller.
Llegué, me pegué una ducha rápida para sacarme ese olor a transpiración mezclado con grasa y puse el agua para tomar mate.
4 y cuarto suena el timbre, la puntualidad no era una de sus virtudes y fue algo que me molestó durante mucho tiempo, pero a estas alturas de los acontecimientos, no era algo que le fuer a reprochar.
Estaba un poco más pálida que de costumbre, era muy blanca pero se pintaba la boca de rojo y se ponía rubor en los cachetes, parecía un muñequita de porcelana, pero bueno, hoy las circunstancias eran otras y calculo que los ánimos también.
Abrí la puerta, me miró y se sonrió, me dijo la misma muletilla que decía cada vez que me veía “a vos te veo cara conocida”. Puso un pie adentro, miró para los costados, como si se tratara de un paso a nivel y me dio un abrazo.
Aunque sonriera constantemente, estaba triste. Odiaba que yo me diera cuenta que estaba triste, pero siempre lo había hecho. Cuando se sonreía en serio se le hacían dos hoyitos en la cara, que no se le hacían cuando sonreía de compromiso. Aunque habían pasado algunos años, yo le había dedicado antes, otros varios años más a mirarla.
Le dije si quería un mate, me preguntó si no tenía un cervecita fría, ella sabía que a mí me gustaba, y sobre todo en verano tomarme una cerveza cuando llegaba del taller, o quizás no me quiso incomodar.
Me contó que hacía tres meses se agarraba cualquier peste que anduviera suelta, hasta que un día, después de unos estudios, se enteró por qué y de ahí en más no hacía otra cosa que tomar pastillas y llorar en el cuarto. Me contó que el novio la había dejado después de que confirmaron lo que tenía, que le dijo que no podía llevar tremenda mochila con ella y en el banco le habían dado licencia por enfermedad. También me contó que sus clientes se los habían pasado a la chica nueva, una piba recién recibida que era de mataderos.
Abrimos otra cerveza y me preguntó si seguía en el taller, y si seguía con esa chica de Ramos. Nunca supe cómo se enteró que yo estaba con alguien y menos cómo sabía que era de Ramos Mejía; pero supongo que así como yo estaba al tanto de su vida, ella lo estaba de la mía.
Apuró el vaso de cerveza y me pidió que la lleve a la casa, me dijo que no quería que mi vieja la vea así.
Subimos al auto y la dejé en la esquina, yo no quería tampoco que me vieran en su casa. Me miró, me corrió el flequillo, me dio un beso en la frente y me dijo “nunca me diste bola cuando te pedía que te saques el pelo de la cara”.
Arranqué y antes de doblar en la esquina, me dí cuenta que se había olvidado el sweatercito a lunares que yo le regalé para un cumpleaños, puse marcha atrás, le iba a tocar bocina, pero ya había entrado.
Al día siguiente, salí del taller y me fuí a llevarle el sweater a lunares, sabía que a esa hora la vieja y el marido se iban a pasear a Pedrito a la plaza.
Apenas doblé ví una ambulancia y la ví a la vieja que se subía llorando, también vi al marido de la vieja con Pedrito a upa que entraba y salía de la casa corriendo.
Cuando llegué a casa mi vieja me preguntó si no me había enterado de la desgracia de esta chica, que cómo podía ser y me recordó la suerte que tuve al separarme de ella, sino Dios sabe qué me podría haber pasado a mí. Me recordó lo afortunado que fui en tener una familia bien conformada, ya que ella y mi viejo me habían criado como era debido.
Después me miró, me preguntó de dónde venía, si me había tenido que quedar después de hora en el taller.
Le contesté que no, que nada más había ido a la peluquería a cortarme el flequillo

PD: En este mundo basta que quieras realmente hacer una cosa, para que tengas a todos en tu contra. Alberto Laiseca