jueves, 29 de julio de 2010

De qué se disfraza Batman cuando no encuentra la máscara de Bruno Días?

A que adivino sus intenciones, a que no. No sé. Sólo se puede especular, así como un lente, pero sin tanto brillo. A veces es difícil volver a creer, o lo difícil es aceptar que se cree de nuevo; pero algo debe tener además de boca, nariz, pelo y uñas.

Un día le dio el sol de frente y le empecé a prestar atención, aunque a estas alturas me parece que al que le dio el sol de frente fue a mí y de ahí en más no ví un carajo. En realidad no ví, no escuché, tampoco escribí. Esa bendita costumbre que tiene uno de escribir sólo cuando hay tormenta. Escribís y páfate, dos palabras y páfate, un rayón en la hoja. Deben ser esos rayones los que le dan un poco más de sentido al sin sentido, darle sentido al sin sentido es como una redundancia espiralada, no tiene sentido un sin sentido con sentido. Es como un vacío lleno o un lleno vacío, parecido a un 60 vacío un viernes a las 6 de la tarde? (la frase “como un 60 vacío un viernes a las 6 de la tarde”, tendría el mismo sentido que haber puesto “como un 60 vacío un viernes a las 18 hs?), sería eso un sin sentido, sin sentido; sería un sin sentido al cuadrado o un sin sentido doble?

Quizás se alargan las distancias y se acortan los sentimientos, se agudizan los sentidos. Quizás quede algún amigo en el camino, o quizás nunca haya sido de verdad amigo o quizás nunca haya pasado por ese camino. Quizás los caminos ahora son de tierra, y mejor ni te cuento cuando llueve.

Trenes silenciosos o remiseros conversadores, cansados del silencio, trenes a fines de mes y remises al principio. Dormir de tarde, ejercitar de noche, ejercitar el intelecto y el corazón. Siestas austeras pero maravillosas, enredado en algodón. Salir apurado para no perder el tren, para después perderlo y volverlo a perder. Semanas largas descansos cortos uno o dos kgs de pan y un pan de manteca para la merienda aunque a la noche no cenemos y guarda que si a la madrugada te pinta el bajón estás frito.

Ciudades capitales, más trenes llenos de gente. Gente para no volver a ver, gente para esquivar, haciendo inmensos los pasillos, las escaleras o los ascensores.

Tranquilidad extraña, tanto que te hace picar la espalda, respuestas sinceras, extrañas, tanto que te hacen picar la espalda, temores etáreos acompañados de un “será que de verdad es?”. Tragarse el orgullo, las palabras, abandonar esa postura antigua, esa visión caótica de un mundo que parece que se empezó a acomodar, el día en que ella salió de atrás del mostrador y se tomó el tren.

domingo, 16 de mayo de 2010

Te subís al taxi, y ves como te pasa el bondi por al lado

Sólo tomamos conciencia de la soledad en el instante mismo que tomamos conciencia de la gente que nos rodea, sólo nos preocupa llegar a fin de mes, cuando vemos que nos depositaron el sueldo. A nadie le preocupa la gripe cuando tenés anginas

Se muere rápidamente, aquel que enfrenta la vida sin pensar que un día se va a morir, aquel que piensa que las cosas no le harán daño.

No podés comer lechón frío con el desayuno, si pensás que no te queda Hepatalgina en la heladera

domingo, 9 de mayo de 2010

Tanto va el cántaro a la fuente, que se llena de agua

Es una pérdida de tiempo evitar lo inevitable, prefiero reconciliarme con lo inevitable y pelearme con lo que puedo evitar, aunque más de una vez me gustaría pelearme con todos.

Es inevitable, naciste y no lo pudiste evitar aunque después te pases el resto de tu vida evitando morirte, hasta que inevitablemente te mueras o te aburras de mirar la tele.

Evitamos hablar con extraños, evitamos tomar el subte en horas pico, evitamos comprar en cuotas. Lógicamente vamos a terminar viajando parados, juntándonos con extraños, para separarnos de conocidos y que vuelvan a ser perfectos extraños aunque los hayamos conocido muy bien.

Evito hablar de ciertos temas para evitarme problemas, aunque no me quieras evitar, inevitablemente un día y después de tanto buscarme me vas a encontrar. No puedo evitar pensar que hubiera pasado si no hubiera pasado nada, si nada hubiera cambiado, quizás inevitablemente todo cambia. Las cosas dejan de ser lo que fueron, y dejarán de ser lo que son. La gente deja ser joven para volverse grande y morirse de de viejo, o de cáncer o de gripe (no conozco a ninguno que le diagnosticaran muerte por amor). El chancho deja de ser chancho para ser chorizo, aunque venga el lobo y sople y sople y sople. Aunque caiga granizo y tengas una frazada en el baúl, seguro esa es la noche que te cagaste de frío porque no tenías nada para taparte, ni siquiera los oidos así no escuchás los gritos de la vecina que se cree que es una actriz porno.

Quién diría, la gordita de al lado con esa cara de boluda…….

PD. No te das vuelta, seguro te corre un loco con una motosierra

viernes, 22 de enero de 2010

El beneficio del silencio

El problema no es que no me escuches, el problema es aquello que crees escuchar, cuando en realidad no te digo nada, y lo que de verdad quiero que escuches, cuando te grito algo y vos no escuchás.

No importan las maneras, los modos ni las reverencias, el punto es que siempre crees que escuchás tu verdad, y si acaso sentís que no es tu verdad lo que dicen por ahí, te esforzás por callarla, con el sólo fin de seguir teniendo la razón.

Pero tengo claro, que cuando es justa y certera, la palabra, por más que te gastes no podés frenarla; sólo podés escucharla y quedarte en silencio, sabiendo que esa imagen de gigante se desmorona, no con un grito, sino sólo con un suspiro.