viernes, 14 de marzo de 2008

El viajar es un placer...

Y con ese placentero cansancio, de esos que se sienten cuando uno sabe positivamente que va a poder descansar, que va a poder dejar atrás todo eso que lo desvela o que lo sume en sueños profundísimos para no recordar.
Con esa certeza de no que no queda más camino por recorrer que el que nunca se ha recorrido aún y con esa esperanza de poder correr lejos de estos lugares.
Porque del polvo venimos y hacia el polvo vamos, particularmente me gusta volver cada tanto al polvo y sentirlo como si fuera mío, sentirlo como si de verdad perteneciera ahí. Quizás algún llamado genético, algo en la sangre o solamente el asco que se suma día a día y esa sensación de enfermedad constante que encuentro en la ciudad. Cada paso, cada lugar que voy viendo pasar mientras paso lo veo gris, lo veo cargado de hipocresía y cargado de individualidad que me empachan de ciudad y me voy a hacerme tirar el cuerito al sur.. (Que no significa que me vaya a un prostíbulo en Avellaneda a que me masturben)

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