viernes, 25 de enero de 2008
Díscolo coloquio que se cuela en tu cabeza colocándote tus ideas en su lugar
Después de sufrir un gran dolor de cabeza, de esos que te dan por pensar en ausencias, por pensar en personas o por querer hacer tres sudokus de una, me doy cuenta que la poco de materia gris que me quedaba atrofiada y que no fue destruida por una explosión neuronal matando marcianos a través de la computadora me indica que es hora de ir a dormir pero no puedo porque la fucking noticia del ahorro energético no llegó a mi cerebro y este se cree que son las 3 de la tarde cuando son las 12 de la noche (es que tiene horario europeo, es del primer mundo). Al día siguiente seguramente voy a tener unas ojeras del tamaño de la cordillera de los Andes y voy pasármela cabeceando igual que Ruggeri en el 86 pero con menos rulos. Pero bueno gajes del oficio, o gajos de pomelo, por el momento eso es todo y mejor me voy porque estoy sufriendo persecución ideológica por querer poner helado de menta granizada en mi cucurucho pese a que todo el mundo me dice que es como comer dentífrico, dentrífco o como carazos se escriba
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