Mitad invento de alguna desconocida cámara de empresarios (de los fabricantes de depiladoras calculo), mitad excusa para comer hasta reventar y ver parientes que seguramente nos honrarían con su ausencia; cuestión que se nos hace presentes de cuerpo entero el día de la madre. Esa señora que te dejaba sin postre si no ordenabas la pieza, la misma que tantas veces te hizo pasar el ridículo delante de esa novia de la adolescencia (cuando eras una maraña de pelusa sub-nasal y acné), contando aquella nefasta anécdota por la que toda tu flia, y las generaciones venideras de tu flia te recordarán como “Juancito el come cucarachas”, esa misma que te tiró los calzoncillos de Tweety, sí sí esos que tenían más agujeros que una media de red. Esa Sra. tiene su día.
Se estila para estas fechas, congraciar a la homenajeada, ya sea con alguna canción (Nadie se atreva, a tocar a mi vieja), Norberto Napolitano QEPD. Alguna poesía dulce que ponga de manifiesto nuestro complejo de Edipo o, si uno carece del talento necesario para efectuar alguno de los presentes antes mencionados, algún regalo que se encuentre al alcance de nuestro bolsillo o linea crediticia, a riesgo de aparecer en el veraz.
De estos últimos (los regalos “comprables”), se distinguen dos grandes grupos, casi familias, los regalos “útiles” y los regalos “simbólicos”.
Empecemos por los segundos: Dependiendo de la conformación de nuestro núcleo familiar (incluso parejas homosexuales), tenemos distintos tipos, como por ejemplo esos que alguna docente en un acto de arrojo y valentía, en pos de cambiar la didáctica moderna, propone como actividad en el colegio de Santi, el más chiquito de la familia. Clásicos de esta “subcategoría”, son los cuelga llaves, esos mismos que nunca serán desplazados del costado de la puerta, ni siquiera cuando “Santi”, no sólo terminó la primaria, sino que es cirujano tiene 4 hijos, dos divorcios y 3 hijos más no reconocidos.
A los anteriormente mencionados (los simbólicos), también pertenecen los del reino vegetal como por ejemplo un kilo de morrones, bueno que sé yo, en estos días quizás mamá valora más los morrones que las orquídeas. Por lo general se dá una situación particular: las madres que reciben estos presentes son del tipo “madre práctica”, esa que te dice “en lugar de un ramo de flores, me hubieras comprado un taladro con percutor, para mechas de 13mm”; este tipo de madre es la que engendra hijos de esos que para esta fecha le regalan a mamá el winning eleven campeonato argentino 2007 para playstation 3; quizás casualidad, quizás venganza poética del destino.
El otro grupo que nos compete (no quiero chistes boludos como “y… no es lo mismo compete que sin pete”), son los regalos en los que cae la mayoría de la gente. Es un tema complicado, porque es ahí donde uno saca a relucir el enano facho y opresor que todos tenemos dentro (Cualquier similitud con el “Ing” Blumberg, que tiene amigos en Brasil, quienes a pesar de su oscuro color de piel, fueron agraciados con un “alma blanca”), y es capaz de regalarle a mamá una aspiradora, o una plancha. O sino existen esos hijos que le regalan a mamá un juego de llantas 17” de aleación de magnesio y un juego de espirales progresivos de competición para el auto (sí, para el fiat uno del nene), o un lcd de 500000000” para ver fútbol de primera todos los domingos. Y… también para que mamá vea por cuadragésimo quinta vez la repetición de “marimar”, y lograr que a mamá se le esboce una sonrisa cuando la cantautora azteca le hablá al perrito de mierda ese (tengo un amigo que la miraba, en serio). Para colmo de males, cuando vas a comprar algún de estos regalitos del reino “electrodomestiquil”, te encontrás con el flaquito engominado (qué antigüedad, mejor dicho “gel efecto mojado extra super natural anti freeze”), ese mismo que no contento con venderte la depiladora, la planchita para el pelo, el secarropas, la aspiradora y la pinza especial para remover callos y durezas de los dedos de los pies; insiste en que no dejes pasar esta única oportunidad de llevarte además, un Cd especialemente seleccionado por “la compañía” (en realidad seleccionado por “Mary”, que es la sobrina del encargado de seguridad de la planta de Ing Maschwits de “la compañía”), el cual es una recopilación de canciones de Nicola Di Bari y Rafaela Carrá, interpretadas por un grupo barrial de Punk Rock de la zona, grupo conocido en el circuito under de la localidad de Garín como “Las hemorroides de Roberto”
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